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¿Qué es la felicidad y cómo obtenerla?

Por Verónica Aguirre

“La felicidad no es una frivolidad ni un lujo. Es un anhelo profundamente arraigado y compartido por todos los miembros de la familia humana. No se le debe negar a nadie y debe estar al alcance de todos”.

Ban Ki-Moon, secretario general de la ONU

Qué tan importante será el tema de la felicidad que el 28 de junio de 2012 la Asamblea General de las Naciones Unidas instituyó el 20 de marzo como el Día Internacional de la Felicidad y la canción elegida para ese día es Happy de Pharrel Williams.

Contestar esta pregunta es algo así como encontrar una aguja en un pajar, un tanto complicado pero no imposible. Empecemos por definirla. Felicidad: estado de ánimo que se complace en la posesión de un bien.

Uno de los personajes contemporáneos que escribió sobre el tema fue José Ortega y Gasset que expresó: “Si nos preguntamos en qué consiste ese estado ideal de espíritu denominado felicidad hallamos fácilmente una primera respuesta: la felicidad consiste en encontrar algo que nos satisfaga completamente. Mas, en rigor, esta respuesta no hace sino plantearnos en qué consiste ese estado subjetivo de plena satisfacción. Por otra, qué condiciones objetivas habrá de tener algo para conseguir satisfacernos”.

Para Aristóteles la felicidad radicaba en autorrealizarse, alcanzar las metas propias de un ser humano, asimismo rechaza que la riqueza pudiera ser la felicidad, pues es un medio para conseguir placeres o bien para conseguir honores, pero reconoce que existen personas que convierten a las riquezas en su centro de atención.

Y tal vez, sólo tal vez allí, radique el problema para el ser humano, ya que durante toda la vida busca la felicidad en situaciones externas desde tener al novio o novia ideal, hacer un largo viaje de vacaciones, trabajar en lo que te gusta y muchos otros deseos que están basados en la situación económica; no es lo mismo hacer un ahorro para tener una vida desahogada en el futuro a realizar un ahorro con la finalidad de comprar un coche último modelo o una bolsa extraordinariamente cara porque conseguir ese logro te hará feliz sólo por un pequeño instante de la vida.

Viendo estas opiniones rescato un fragmento del libro Francesco de Yohana García: “La felicidad es diferente para cada persona y parece que estuviera siempre atada al deseo de algo. Si lo tienes, entonces eres feliz, pero esa felicidad dura los días o momentos que la puedas disfrutar. Siempre que la felicidad tenga que ver con un deseo externo, va a surgir otro deseo más que te hará falta para seguir siendo feliz… Busca la felicidad dentro de ti para que sea eterna. ¡Si buscas afuera, la tendrás por poco tiempo!”

Entonces busquemos la felicidad en nosotros ¿Cómo se logra eso?

  • Primero: Tienen que aprender a amarse y aceptarse como son, no importa que sean chaparritos o altos, delgados o con sobrepeso, rubios o morenos.
  • Segundo: Reconozcan sus talentos y debilidades, todos tenemos dones que nos hacen especiales.
  • Tercero: Aprendan a pedir ayuda cuando la necesitan, solos no podemos salvar al mundo.
  • Cuarto: Sean humildes, la soberbia es muy mala consejera y normalmente nos lleva por el camino equivocado.
  • Quinto: Aprendan a pedir perdón y a darlo.
  • Sexto: Den gracias al ser supremo todos los días por lo recibido ya sea bueno o malo, las cosas que no nos gustan y juzgamos como malas, normalmente con el tiempo traen cosas buenas.

Reflexión para todos

Una vez un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla. Primero se aventuró por el placer y todo lo sensual, luego por el poder y la riqueza, después por la fama y la gloria, y así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio y de todo cuanto estaba al alcance de su mano.

Pasó el tiempo. Aquel hombre envejeció y un día supo que sólo le quedaban dos meses de vida. Cansado y desgastado por los sinsabores de la vida dijo: “Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber y de vida con las personas que me rodean”.

Y aquel infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que se le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de si mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.

Comprendió que para ser feliz se necesitaba amar; aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño y de lo grande; conocerse a si mismo y adaptarse así como se es; sentirse querido y valorado, pero también querer y valorar; tener razones para vivir y esperar y también razones para morir y descansar.

Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura y la comprensión. Que son instantes y momentos de plenitud y bienestar; que está unida y ligada a la forma de ver a la gente y de relacionarse con ella; que siempre está de salida y que para tenerla hay que gozar de paz interior. Finalmente, descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad y que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría por ser Él: amor, bondad, reconciliación, perdón y entrega total.

Y en su mente recordó aquella sentencia que dice: “Cuánto gozamos con lo poco que tenemos y cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos”.

Ser feliz es una actitud.

Fuente: ciudadyoga.com

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